La espiritualidad y devoción en San Vicente de la Sonsierra se ha vivido a lo largo de los siglos de una forma única en España a través de las procesiones de los disciplinantes. Su pervivencia a lo largo del tiempo se debe, en gran medida, al esfuerzo de los sonserranos. Para ellos, es un orgullo defender esta costumbre tan arraigada en el municipio y que les otorga una identidad propia en las fechas en las que desfilan las procesiones.
1. ORÍGENES DE LA PRÁCTICA Y DE LA COFRADÍA
Los orígenes de la práctica de la flagelación en San Vicente de la Sonsierra se remonta a finales del siglo XV y principios del siglo XVI, siendo una práctica habitual durante la Edad Media en Europa, pero que con el paso de los siglos fue progresivamente quedando prohibida y perseguida, como en España en el siglo XVIII. Sin embargo, en el caso de San Vicente se consiguió mantener la práctica de la flagelación a cargo de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, institución que presentó sus estatutos a mediados del siglo XVI. En la actualidad, la sede de la cofradía se encuentra en la pequeña ermita de San Juan de Arriba.

El origen de la Cofradía no tiene consenso entre sus estudiosos, vinculándolo en ocasiones con la Real Divisa de Santa María de la Piscina, ya que muchos de sus caballeros formaron parte de la Cofradía ocupando altos cargos. Sin embargo, como hemos mencionado, ésta es una de las posturas barajadas (en concreto de Roberto Sáenz Sierra), pero la falta de consenso hace que no podamos precisar el origen con exactitud.
2. INDUMENTARIA
En cuanto a la indumentaria, los disciplinantes visten de blanco de una forma anónima y desfilando descalzos desde la ermita de San Juan de Arriba en procesión por las calles de San Vicente hasta el Calvario, un promontorio situado encima de la ermita de la Virgen de los Remedios y que pone fin al recorrido.

3. PRÁCTICA DE LA AUTOFLAGELACIÓN Y RECORRIDO
La práctica de la penitencia se pone de manifiesto a través de la autoflagelación. A lo largo del recorrido, que suele tener una duración de veinte minutos aproximadamente, suelen azotarse unas 800-1000 veces con una madeja de lana virgen a los ojos de los espectadores que se reúnen durante el trayecto. La devoción se ve plasmada en cada uno de los azotes recibidos.

(Fotografía de Jon Ander Zabala)
El penitente se ve acompañado por un hermano de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, que actúa de guía, apoyo y consejero durante el recorrido. Este acompañante decide junto al práctico de la Cofradía cuando recibe el penitente los pinchazos de los hematomas formados en su espalda por los azotes. Para ello, se emplea una bola de cera virgen con seis cristales incrustados en ella de dos en dos, recibiendo el penitente doce pinchazos y brotando un poco de sangre de su espalda. Tras ello, el penitente vuelve a flagelarse unas 15-20 veces más. Tras ello, el disciplinante, el acompañante y el práctico regresan a la ermita de San Juan de Arriba y procederán a curar las heridas con agua de romero.

4. FECHAS DE LAS PROCESIONES
Las fechas en las que los disciplinantes salen en procesión por las calles de la localidad en Semana Santa, concretamente el Jueves Santo y Viernes Santo. Por otro lado, también salen el 3 de mayo si es domingo y, sino al siguiente domingo en la Cruz de Mayo. El 14 de septiembre, Fiesta de La Cruz, si es domingo vuelven a salir en procesión y sino el siguiente domingo.

(Fotografía de Jon Ander Zabala)
5. RECONOCIMIENTOS
Las procesiones de los disciplinantes remiten a un pasado donde la devoción y religiosidad ocupaban todos los ámbitos de la vida cotidiana, haciendo que este espectáculo fuese declarado en 2005 Fiesta de Interés Turístico Nacional.
En el año 2015 el Gobierno de la Rioja concedió la Medalla de la Rioja a esta cofradía por la inestimable aportación realizada por el apoyo y la colaboración permanente de los vecinos de localidad para preservar el rito de ‘Los penitentes’ o ‘Los picaos’. En el año 2016 se publicó en el BOE la declaración de Bien de Interés Cultural de Carácter Inmaterial de las Procesiones de los Disciplinantes.



