Es el primer conjunto dolménico ubicado entre la cordillera de Sierra Cantabria y el monte Toloño por el norte y el rio Ebro al sur. Concretamente se ubica entre dos fincas del término de la Cascaja, cerca del arroyo de los Alces y de la aldea de Peciña. Pertenece a una tipología de dolmen “de corredor” por su ejecución constructiva y orientación, muy típicos de esta zona. Este tipo de dólmenes, tal y como indica su nombre se componen de un corredor que lleva a una (o varias) cámaras. Hay numerosos monumentos megalíticos de esta tipología que podemos encontrar en el margen izquierdo del río Ebro, siendo considerada la tipología más antigua de todas dentro de España.
El Dolmen de la Cascaja fue descubierto por Domingo Fernández de Medrano en 1954, quien lo excavó junto con Basilio Osaba. En su interior se encontraron restos de más de 31 personas (20 en la cámara principal, 8 en el primer sector y 3 en el segundo) además de restos de animales, y abundantes materiales. De estos lo más destacable son las láminas de pedernal, fragmentos de cerámica de dos vasijas y una punta de flecha de bronce con forma de hoja. El conjunto fue restaurado poco después de su excavación arqueológica, que mantiene su estructura casi de maneta total.
Posiblemente en su origen era circular, pero su forma se perdió por las tareas de labranza llevadas a cabo en las fincas. En sintonía con su tipología, su acceso de realiza a través de un estrecho pasillo, que conduce a la cámara de planta casi hexagonal, formada por 6 losas de arenisca o megalitos. De esta cámara, notablemente más amplia parte un corredor con cubierta en dirección sureste, que desemboca en dos compartimentos en el borde del túmulo.


