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La ermita de Santa María de la Piscina es una de las mayores joyas del románico riojano. Se terminó de construir en 1136, y aunque es de pequeñas dimensiones destaca sobre todo por su rica decoración, aunque por desgracia no se ha conservado toda la que poseía primigeniamente (como las pinturas murales del interior).
Se trata de un templo de sillería de una sola nave, dividida en cuatro tramos y ábside semicircular. Está cubierta con bóveda de cañón con arcos de medio punto fajones, que se sustentan sobre pilastras con columnas adosadas. Esta ermita es coronada por un gran escudo de la familia Ramírez presidiendo la entrada, que fue un añadido del siglo XVI.
En el interior podemos descubrir capiteles con interesantes motivos decorativos e iconográficos. También hay varios canecillos, alguno con decoración animal y uno de ellos que narra la fábula del joven y la cortesana. La parte interior del ábside debió estar pintada, ya que se conservan pequeños restos de la decoración original de en torno al siglo XIII.
La leyenda vincula la fundación de la ermita tras la participación del Infante Ramiro Sánchez en la Primera Cruzada y su participación en la toma de Jerusalén, entrando en la ciudad por la Perta de la Piscina Probática. De ahí el nombre de este templo. En las inmediaciones hay una necrópolis con tumbas datadas entre los siglos X y XIV. Además de esta hay indicios arqueológicos de un poblado, posiblemente ocupado hasta el siglo XIV.
La ermita fue declarada monumento nacional en 1931 y restaurada en el año 1975, dado que se encontraba en estado de ruina.



